El limbo migratorio. Cinco años tardaron Partido Socialista y Partido Popular en ponerse de acuerdo para renovar el Consejo General del Poder Judicial. Si aplicamos esa regla, para resolver el asunto de la distribución de los menores migrantes tendremos que esperar quince años.
Básicamente porque en esto no hay parcelas de poder que repartir, de manera que ya se sabe que para los grandes partidos se convierte en un asunto menor importancia.
Quizás es cuestión de que cada vez que llega una patera o un cayuco a nuestra costa, los ocupantes reciban en su idioma original un papelito que diga:
«Bienvenido. Está usted en un país donde los partidos que presumen ser de partidos de Estado son incapaces de ponerse de acuerdo entre ellos sobre cómo garantizar sus derechos y cómo conseguir que usted se convierta en uno más de un engranaje social y económico que precisa de la migración para que las cuentas del Estado y la cobertura social salgan adelante.
Así las cosas, tómeselo con paciencia y disfrute del limbo en el que se va a ver inmersa su vida».
A fin de cuentas, es la triste realidad que les aguarda, no hay más.
Patricio González
Andalucía es la Colonia
En estos tiempos convulsos, solo hay que ver los informativos de las grandes cadenas de televisión para darnos cuenta de que lo único que existe en España es Cataluña y en segundo lugar, el País Vasco. Lo demás no existe, lo demás está ahí viendo pasar el tiempo. No hay tiempo en los informativos para las demás comunidades autónomas.

Que si los independentistas, que si los constitucionalistas, que si el “proces”, que si las elecciones o las empresas que cambiaron sus domicilios sociales por la inestabilidad en Cataluña.
Fueron más de dos mil las empresas que cambiaron su domicilio social para llevárselo fuera de Barcelona, bien a Madrid, Valencia, Bilbao, Baleares, o Zaragoza. Fíjense que de estas más de dos mil empresas y bancos, solo dos cambiaron su domicilio social a Andalucía: una fábrica de galletas a Córdoba y San Miguel, que todos creíamos que era “malagueña” pero que es catalana y pertenece al Grupo Mahou.
Estas dos empresas cambiaron su domicilio social a Andalucía pero en absoluto el domicilio fiscal que continua en Cataluña y, por tanto, constará que estas empresas pagarán a Hacienda desde Cataluña.
Una señora me comentaba el otro día en un supermercado que iba a comprar Agua de Lanjarón porque era andaluza y que ya no iba a comprar más Font-Vella. Le dije que leyera la botella de Lanjarón que aunque ponga “el agua de Sierra Nevada”, se envasa en AGUAS DANONE-CALLE BUENOS AIRES, 25-BARCELONA. ¿Esto qué es?.¿ El agua es de Sierra Nevada y se la llevan a envasarla a Barcelona??. Vamos que, encima ponemos la cama.
Si han leído “Palmeras en la nieve”, trata de Guinea Ecuatorial y la metrópolis que está en la península.
Pues Andalucía es la Guinea Ecuatorial de las metrópolis catalanas, madrileñas y vascas. Como Lanjarón, ni siquiera nos dejan envasar nuestra propia agua. Ponemos la materia prima de Sierra Nevada y , luego, nos la venden embotellada desde Barcelona. Pero es que de las más de 2000 empresas que han cambiado su domicilio social, sólo dos han venido a Andalucía(San Miguel que es un caso parecido a Lanjarón) y la otra de las galletas. ¿Qué está pasando aquí?. ¿Cómo permanecemos tan tranquilos?. Es lo mismo que nuestras empresas de la AGI, excepto Acerinox.
Patricio González
El Amor a lo cutre

Con ella empezó todo como diría Piqué . Se trata de Belen Esteban que sigue siendo el auténtico paradigma de cambio nefasto en la sociedad española durante los últimos veinte años.
Antes de la entrada en acción de Esteban, si alguien no leía no lo contaba nunca porque sabía que no leer era cosa de tarugos.
Antes, la persona que despreciaba la cultura lo mantenía en secreto porque sabía que eso era una postura estúpida que se justificaba sólo por carencias inconfesables (de uno mismo).
Antes, si gritabas en público y tenías la lengua rápida para decir tonterías, alguien te afeaba tu comportamiento y te pedía silencio y buenas maneras.
Nunca antes la mala educación, nunca antes la falta de respeto por el lenguaje, nunca antes la chulería o la falta de preparación, habían sido tan bien vistas como lo están siendo ahora.
Y , desde luego, una de las causas por lo que esto sucede es la participación en la televisión de personas como Belén Esteban( no solo ella sino ya una larga serie que se dedican a insultar, cotillear y no dejar vivir tranquilos a otros).
Nada de estudios, nada de educación y enormes ganas de presumir por ello. Dar voz a semejantes tarugos no puede traer nada bueno. Y eso es lo que nos ha ocurrido a esta sociedad que se ha ido pudriendo a lo largo de estos años.
Belén Esteban y compañía representan todo lo que se ha vuelto opaco e inquietante en la sociedad española (en el ámbito de la televisión y las influencias en audiencias, y en redes sociales, claro). Y representa un peligro en algunas otras cosas que parecen, al menos, ridículas e inexplicables.
Hace unos días, se lamentaba y criticaba la señora Esteban un ataque homófobo. Muy bien. Pero al mismo tiempo defiende las ideologías más contrarias a los derechos del colectivo LGTBI, y lo hace votando a partidos que representan cierto peligro de regresión en cuanto a derechos sociales conquistados con tanto esfuerzo (así lo ha confesado ella misma… lo de votar a unos u otros, digo). El criterio de esta mujer es reflejo de su capacidad intelectual.
Al menos nos la hemos quitado de encima a diario en televisión… por ahora. Algo es algo.
Patricio González
Andalucía Rica y Pobre


Las personas en situación de pobreza severa son los que viven en hogares con ingresos que no llegan a los 560 euros al mes. Pues bien, según la Red Europea contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN), que utiliza datos del INE, hay 1.226.751 andaluces en esas circunstancias. Eso representa el 14,4 por ciento de la población andaluza. En 2021 los datos eran mejores (1,5 por ciento más sobre el total) aunque los actuales son peores respecto al año 2008 (casi tres puntos más sobre el total de andaluces).
El informe en el que se recogen estos datos se publicó en mayo incluyendo la población con carencias materiales severas y la intensidad de trabajo muy baja, podemos decir que al borde la pobreza tenemos en ANDALUCÍA A MÁS DE UN TERCIO DE LA POBLACIÓN, en concreto EL 35,8 POR CIENTO DE LOS ANDALUCES ESTÁ AL BORDE DE LA POBREZA. Aunque los datos han mejorado algo, colocan a Andalucía a 12 puntos de media por encima del resto de España, y sitúan a la Comunidad por encima de países como Rumanía. Un auténtico jarro de agua fría para una Autonomía que se quiere colocar como locomotora económica española.
Por si es poco, diez de los 15 barrios españoles con menor renta por habitante, seis de los municipios con menor esperanza de vida y 12 de los que tienen mayor tasa de paro son andaluces.
Así es imposible continuar y poner proa hacia la modernidad y la excelencia. No puede ser que los niños andaluces (un 29,4 por ciento de los menores de 18 años que viven en Andalucía, o sea, 454.379 niños y niñas, se encuentran en situación de pobreza) no tengan oportunidades para prosperar y mejorar las condiciones de vida con las que les toca nacer. No puede ser acumular un número de parados tan demoledor. No puede ser que los barrios más pobres de Europa se encuentren, en gran medida, en territorio andaluz.
¿De qué sirve bajar los impuestos a las clases medias y altas si olvidamos que son las clases más desfavorecidas las que no pueden aspirar a nada que no sea seguir pasando calamidades? Una sociedad moderna no puede dejar de atender a todos sus miembros y eso es exactamente lo que está pasando en Andalucía.
Pero, desde luego, sería de cínicos afirmar que ha sido el PP el que ha llevado a millones de personas hasta esos territorios. Esto viene ya de bastante lejos, de muchos años atrás, de todos esos años del PSOE y no merece la pena seguir lamiéndonos las heridas; lo que es necesario es demostrar que somos capaces de solventar la situación. A lo mejor hay que pagar algo más de impuestos si eso sirve para ayudar a los pobres.
Patricio González
El Ocaso de la Conversación
Hablamos mucho y conversamos poco, porque la gente llama diálogo a cualquier cosa; a los charlataneos de las tertulias, a los insultos que se dicen unos hinchas contra otros, a las polémicas de vinagre, al cruce de frivolidades.

Yo prefiero llamar diálogo al encuentro sereno en el que dos almas se encuentran. Es decir, a eso que ya no existe. A eso que se tragó la prisa. A eso que devoró la propia televisión.
Hoy día y salvo excepciones, la pareja habla pero no conversa. Padres e hijos discuten ó se lanzan evasivas pero no conversan. Y esto, señores, ya no es una devaluación, esto es un auténtico suicidio.
Tengo ahora mismo una encuesta en mis manos en la que se les pregunta a los niños por sus padres: la casi totalidad de ellos tienen una misma queja: sus padres no hablan con ellos ó cada vez lo hacen menos.
Otros se quejan de que sólo ven a sus padres los fines de semana y que se dedican a limpiar el coche ó se van al futbol ó los dejan con los abuelos.
Otro chico dice que su padre siempre se queja y grita porque no puede oír bien la televisión.
Otro niño dice que su padre sería el padre ideal si tuviese buen humor y le dedicara más tiempo y así podrían reírse un poco todos los días.
Hay páginas y páginas que podría llenar con citas de los chavales en esta encuesta. Todas gritan lo mismo y no es otra cosa que la terrible soledad interior de muchos niños que creemos que son “locos pequeños” y que sólo son personas pequeñitas que tienen ya un alma que querrían intercambiar con las de sus padres.
Patricio González
Billy Elliot
He vuelto a ver por enésima vez la película BILLY ELLIOT. La verdad es que sigue emocionándome y me he quedado con las ganas de ver el musical. Sin lugar a dudas, es la película de mi vida y no puedo evitar soltar algunas lágrimas aunque la he visto muchas veces.
BILLY ELLIOT, ví su estreno allá por los primeros años de este siglo XXI. Dirigida por Stephen Daldry, es la historia de un niño británico, hijo de un minero, que no quería ser del mismo oficio que su padre, ni boxeador.
Quería ser bailarín de danza clásica, quizá porque heredó la pasión de su abuela por el baile. Para el padre, un minero rudo y sindicalista, que su hijo pequeño quisiera ser bailarín era un drama, pero acabó apoyándolo. Cada vez que he visto la película he soltado lágrimas, quizá porque de alguna manera me veía reflejado en la historia del chaval del condado de Durham. Era un niño pobre, que luchó por un sueño con todo en su contra. En su pueblo solo podía ser minero, como su padre y su hermano mayor, pero el que nace con un don no puede evitar realizarse en el arte o el deporte. Billy era un niño prodigio, un talento, con un don para mover el cuerpo al son de la música o de un palo golpeando un latón. Tenía el ritmo en las venas y una coordinación asombrosa de los movimientos. Era un genio sin saberlo y cuando su padre lo entendió vendió las joyas de la familia y el chaval pudo estudiar en una prestigiosa escuela de Londres y triunfar como bailarín.
La película tiene momentos auténticamente sublimes, como cuando Billy le dijo al tribunal de la escuela que cuando bailaba era “como si desapareciera”. Hay muchas similitudes entre su vida y la mía, sin que pretenda compararme. Cuando, de niño, en mi barriada de La banda del río en la que me crié, leía tebeos o escribía cuentos y relatos en la libreta del colegio, de las de dos rayas, también era como si desapareciera, como si volara entre las nubes.
Me emocionaba tanto escribir, que me dolía el pecho y soñaba ya con poder dedicarme a contar historias de la vida. Era como un Billy Elliot de mi barriada. Leía y estudiaba. Mi padre era carpintero y los reyes magos ( sin entenderlo) solo me traían juguetes de madera, no los que yo quería. Pude ir a los Salesianos y los domingos si te sellaban que habías ido a la misa y a la bendición, podías ir a una sesión de cine. Pude conseguir una beca y estudiar Ingeniería Técnica Naval, pero era algo tan difícil como darle un beso a la cara oculta de la luna desde el fondo de un pozo. Os cuento esto porque, como os he dicho, me crié en mi humilde barriada de la Banda del Río, donde había que inventarse un sueño cada día para no morirse de tristeza.
Patricio González
La culpa siempre es nuestra
Vivimos sujetos a cada vez más esclavitudes. Y la verdad es que somos cada día más irresponsables porque estamos rodeados de cada vez más estímulos que esperan de nosotros una respuesta.
Ya, inmediatamente. El banco. Esa persona que te llama después de comer para venderte un seguro de vida, o uno del coche o del hogar, o un purificador del agua. Gente que te está diciendo continuamente lo que tienes que hacer y tú le cuelgas. O , por ejemplo, las etiquetas de los alimentos que no leemos. Lo que ven los niños en el móvil. Su agenda escolar. La dieta. El gimnasio que no pisamos. El combustible más ecológico que rechazamos por egoísmo. El deporte que no hacemos. Las mascarillas que ya se han quitado de encima y las han dejado a nuestro criterio y los irresponsables somos nosotros . El Espíritu Santo. En fin, qué más.
Si tuviéramos que estar pendientes de ese nuevo capricho de los que mandan de verdad y que consiste en a qué hora sube o a qué hora baja el precio de la luz y que conlleva consecuentemente las horas a la que tenemos que poner lavadoras y secadoras. Si tuviéramos que estar pendientes diariamente de todo eso no tendríamos tiempo de trabajar para ganar dinero y pagar esa luz. De modo que, como no estamos pendientes, la culpa es nuestra. Faltaría más.
Ya lo sabíamos desde el principio. Nos pilla un comercial por aquí o por allá y nos echa la bronca. ¡Cómo estamos pagando tanto habiendo tantas alternativas que nos harían pagar muchísimo menos¡. Qué torpes y necios, por Dios. Luego sale por la tele el Presidente de Iberdrola, por ejemplo, que tiene una cara de listo o de listillo que se la pisa, y se ríe en la nuestra llamándonos tontos porque, a diferencia de lo que le pasa a él, a nosotros nos cuesta pagar la luz mensualmente. Que él cobre 13 millones de euros al año no tiene nada que ver.
Seamos serios. Ese tipo se puede reír en nuestra cara por no irnos a su compañía, por torpes, por borricos, por lelos, o sea, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Hay que estar al loro, pendientes de todo, de los precios, de lo que sube, de lo que baja, de lo que baila, de lo que conviene por la mañana o por la madrugada, según. Si no, nos deberíamos quejar, porque entonces la culpa seguirá siendo nuestra. Qué nos creíamos.
Por cierto, también ha subido la bombona, oficialmente a 19,50 euros. En la realidad , supera los 23 euros, compruébenlo en las estaciones de servicio, pero háganlo antes echar combustible porque a pesar de ese descuento de 20 céntimos por litro, ya está por encima de 1,80……pero la culpa es nuestra.
Algeciras, 22 de mayo de 2022
Patricio Gonzalezy












