La muerte del Teniente Coronel Tejero, sentida en Marbella y la Costa del Sol por muchos amigos y feligreses de su hijo Ramón, párroco en Nueva Andalucía, deja sin despejar las incógnitas de “quien instigó el Golpe del 23 F y quien lo paró”.

El fallecimiento del teniente coronel Tejero ha sido conocido en la Costa del Sol por un difundido que su hijo, el párroco de la Virgen Madre, en La Campana, Nueva Andalucía, hizo llegar a feligreses y amigos de Marbella y la Costa del Sol donde ha ejercido su labor pastoral en diversas parroquias en Mijas y Marbella.
El párroco de la Virgen Madre, Ramón Tejero dice en su comunicado del que se han hecho eco diversos chats de asociaciones y amigos de Marbella:
“Quiero comunicaros con profundo dolor que hoy, 25 de Febrero del 2026, mi padre: Antonio Tejero Molina ha fallecido en compañía de todos sus hijos. Habiendo recibido los últimos sacramentos y la Bendición de Su Santidad León XIV. Doy infinitas Gracias a Dios por su vida entregada y generosa para con Dios, España y su familia. Ruego una oración por su eterno descanso. Gracias
Desaparecidos Tejero, el teniente general Jaime Milans del Boch y el general Alfonso Armada y Comyn, llevándose a la tumba con admirable fidelidad su silencio y promesa de no desvelar detalles, “por el bien de España”, la opinión pública que lo intuye, se queda sin saber de forma cierta y contundente quien organizó, quién dio la orden, quién manejó los hilos de aquella conspiración que durante unas horas tuvo a España y al mundo en vilo y con el temor a la desaparición de la incipiente democracia.
Aunque el Gobierno acaba de desclasificar muchos de los documentos relativos al 23F que contienen versiones oficiales, pero parece que en muchos casos no fidedignas y el ex Rey Juan Carlos I ha publicado un libro “para lavar su imagen” según muchas opiniones, con algunos capítulos que ponen en duda su veracidad y que ha merecido el rechazo de Casa del Rey en el Palacio de la Zarzuelas, en el que Juan Carlos asegura que hubo el 23 F “tres golpes de Estado” y donde aunque habla de Alfonso Armada y Comyn, no reconoce que era su tutor, su mentor y se olvida de reconocer la ascendencia que el militar tenía sobre el monarca.
Se sabía la crónica de lo ocurrido, el eco de los disparos en el templo de la soberanía popular, el Congreso, la intervención que tuvo Paco de la Ina cogiendo las riendas y el mando del país como presidente del Gobierno provisional de subsecretarios y secretarios cuando todo el Gobierno permanecía secuestrado en el Palacio de Congresos teniendo entre sus colaboradores más cercanos de la Secretaría de Estado de Seguridad al comisario Florencio San Agapito.
Y ahora, la desclasificación de documentos que estos días ha autorizado el Gobierno, aparte de centrarse en la participación del orondo García Carrés, el falangista fundador y alma de “El Alcázar” tampoco parece que esa desclasificación lleva a los orígenes y fundamentos del “Golpe”.

Yo estuve (José Luis Yagüe Ormad), cerca de dos años en la Comisión de Enlace con la Misión Militar Americana (CEMAG) junto al entonces comandante Alfonso Armada y Comyn, marqués de Santa Cruz de Rivadulla, militar de convicción y católico ferviente en unas oficinas donde todos sus jefes eran miembros de la aristocracia y por ello quizá hablaban inglés, imprescindible para entenderse con el general Donovan y su equipo que “controlaban” la llegada y el uso de la ayuda militar a España tras el viaje a Madrid del presidente Einsenhower. El jefe del CEMAG en la Quinta del Ministerio del Ejército, era el marqués de Nules-Conde de Asalto, coronel Luis Morenés Carvajal junto a otros monárquicos que añoraban la llegada del Rey.
Por ello, yo estaba “al loro” de cuchicheos, comentarios y cábalas sobre la monarquía. Armada ansiaba la llegada del Rey y poder tener un cargo dirigente en el Gobierno de España.
Como preceptor e instructor de Juan Carlos de Borbón y jefe de la Secretaría del entonces Príncipe es conocido que tenía una evidente influencia en el Príncipe y luego Rey. Nunca estuvo de acuerdo con el presidente Adolfo Suárez y las aspiraciones de Armada eran las de poder ser algún día dirigir los designios de España. Ser presidente del Gobierno, sin duda.

Haciendo un inciso en este relato, quiero recordar que como se publica en mi libro “Lo que yo vi, lo que yo viví” el conde de Barcelona, padre de Juan Carlos I, me convocaba cada atardecer en su barco “Giralda” atracado en Puerto Banús para conocer de mano de este periodista mi opinión sobre Adolfo Suárez y como se desenvolvía el reinado de su hijo en aquellos primeros años de democracia No se fiaba del staff falangista y antimonárquico que había dejado Franco y me preguntaba: “¿Usted cree que no le van a hacer una encerrona a mi hijo los falangistas?” apuntando directamente a Alfonso Suárez. Don Juan se había informado de que yo no era falangista ni trabajaba para la Prensa del Movimiento y mi opinión como independiente que estaba en el mundo parece que le interesaba.
Armada no ocultaba su animadversión y su inquietud por la marcha de España, cuando los atentados terroristas eran el día a día.
En la cafetería del complejo residencial Galaxia, cerca del Ministerio del Aire, donde yo viví algunos años, cuando era jefe de prensa de la compañía JL Montero-Juanito Navarro y dirigía la Revista “Candilejas”, vivían muchos militares, especialmente del Ejército del Aire y cuya cafetería, en una esquina de la calle Guzmán el Bueno, se hizo famosa por la reuniones “clandestinas” de algunos de esos militares en la Cafetería Galaxia, reuniones que fueron el caldo de cultivo que culminó en el Golpe de Estado del 23 F.
Se ha escrito que Armada habría creído que a la muerte de Franco, dada su relación con el Rey podía ser presidente del Gobierno («podría ser un nuevo Carrero Blanco del rey, con poderes absolutos» y desde 1975 «comenzó a sentirse de alguna manera como un jefe de Gobierno»).
Armada ya general y dominando el Palacio de la Zarzuela y su indudable ascendencia sobre su alumno el Rey Juan Carlos parece que vio otra oportunidad en un momento en que todos los sectores políticos, sociales y fácticos criticaban muy ferozmente al presidente Adolfo Suárez, quien a pesar de aquellas campañas de desprestigio orquestadas desde distintos sectores políticos, incluido el diario “El Alcázar”, no daba muestras de abandonar el poder. Hacia principios de 1981, Armada había coordinado y consensuado con los principales partidos políticos y otros poderes fácticos (Iglesia, Patronal, Ejército) una moción de censura para cesar a Suárez, y presidir él mismo un gobierno «de unidad nacional» con miembros de varios partidos parlamentarios del que formarían parte como vicepresidentes, se ha afirmado.
Personalmente conocí a Alfonso Armada y conviví diariamente con él y acudiendo a su casa donde me trataban muy bien, durante casi dos años y no solamente en la oficina del Ministerio del Ejército, también en su casa y estaba al tanto, incluso para repartir convocatorias e invitaciones a las cenas y reuniones sociales que organizaba en su amplia mansión, siempre con militares con título nobiliario y miembros de la nobleza y por ello se como “respiraba”.
Se ha asegurado, que la repentina dimisión de Adolfo Suárez al enterarse del plan, frustró su proyecto, no así sus ansias de presidir el gobierno, por lo que improvisó el golpe del 23-F para alcanzar el poder por la «vía De Gaulle».
Armada, como preceptor del Rey Juan Carlos, sabía o creía saber, que podría “influir” y manejar la Zarzuela. De ahí que “la llegada del “elefante blanco” apuntaba sin duda al monarca.
Ninguno de los líderes del golpe, ni el general Milans del Bosch, ni Tejero, ni Alfonso Armada abrieron nunca la boca para decir a España esto fue así. Y todo sobre la incubación y realización del Golpe no se sabe, aunque se intuya. Algo de ello, ahora se ha desclasificado

Conociendo como pensaba Don Juan de Borbón y Batemberg, tras mis largas conversaciones con el Conde de Barcelona a bordo del “Giralda”, donde recalcaba su espíritu democrático y dejaba traslucir su educación británica como cadete o guardiamarina de la Royal Navy, en cuya prestigiosa Escuela Naval se formó, viviendo los años de su juventud en Gran Bretaña. yo intuyo, con toda certeza, que quien paró de verdad el Golpe del 23 F fue don Juan de Borbón, tras alertar de sus consecuencias internacionales a su hijo.
Don Juan de Borbón, formado en Gran Bretaña, cadete en la mas prestigiosa academia naval del mundo, al que la sublevación de Franco y el inicio de la Guerra en España le cogió navegando como oficial en un barco de guerra británico rumbo a Gibraltar, tenía unas convicciones democráticas muy arraigadas.
Y que aquella noche, cuando la prensa mundial daba la noticia del golpe, intuyo que de inmediato llamaría a la Zarzuela y posiblemente dijera: “Juanito, para eso, páralo ya, no ves que todas las democracias del mundo se te van a echar encima?” Y que algo así o parecido fue lo que motivó la aparición del Rey Juan Carlos en TVE parando el golpe.


Esta suposición que intuyo, podría estar hoy día en las grabaciones o escuchas que es posible realizar a toda conversación telefónica y más desde cualquier teléfono móvil. De todas formas, suposición o realidad, el Conde de Barcelona, Don Juan de Borbón es seguro que motivó la aparición del Rey en Televisión, cuando está asegurado que el Rey y Alfonso Armada eran una misma cosa.
Si todo el mundo, como parece, estaba convencido que el “elefante blanco” podría ser el Rey influenciado por Armada, su preceptor, esta teoría es la que cobra más fuerza.
Pero todos los implicados, todos los protagonistas del Golpe han cerrado la boca y nunca han comprometido al Rey. Ahora, con la marcha de Tejero (qepd y Dios tenga en su Gloria) no hay un testimonio contundente y convincente.
El marqués de Mondejar que sustituyó a Alfonso Armada como secretario y ayudante del Rey Juan Carlos, pudo haber corroborado la intervención de Don Juan de Borbón aquella tarde noche del 23 F. Pero también se fue a la tumba sin abrir la boca. Nicolás Colomer y Colomer, marqués de Mondéjar también fue tutor de Juan Carlos en la Academia de Caballería.
Alfonso Armada y Comyn
(1920-2013) fue un militar, marqués y figura clave en el entorno del Rey Juan Carlos I. Como instructor militar y jefe de la Secretaría del Príncipe desde 1954 y 1965 respectivamente, fue su estrecho consejero y mentor.
Posiblemente seguirán las suposiciones, como ésta o el relato de que “me dijo…” pero que puede o no, ser real.
Se publicó como se descubrieron las cartas de la implicación del ya general Alfonso Armada cuando se ofreció al jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Gabeiras, para ir en persona al Congreso a proponer a Tejero una salida: su ofrecimiento para presidir un gobierno cívico-militar con presencia de líderes políticos.
Se ha dicho que Armada sabía, y así se lo había insistido a Tejero, que para tener éxito el Golpe debía ser una toma «pacífica» sin tiros y sin violencia. Pero la actitud del vicepresidente del Gobierno el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado haciendo frente a Tejero, desató el tiroteo que metió a todos los diputados bajo sus asientos y por ello, cuando Armada acudió al Congreso y le presentó a Tejero su plan de gobierno, el ahora fallecido Teniente Coronel Tejero se negó a que hubiese políticos como ministros y al parecer, no dejó que el general Alfonso Armada expusiese su programa.
Por eso el ex Rey en su libro habla de Tres Golpes de Estado, atribuyendo a Tejero uno de ellos, por aquella rígida actitud ante Armada. Y a Milans del Boch, el otro, por sacar los tanques a la calle en Valencia, algo que no fue secundado en otras capitanías generales. Y a Alfonso Armada que sin duda actuaba en nombre del monarca y de acuerdo con él, el tercero de los golpes.
Obviando la persona que ha escrito el libro de memorias del Rey Juan Carlos muchas de las certezas de aquellos momentos.
El relegar a Alfonso Armada a un relato secundario cuando era sabida su ascendencia sobre el monarca, es una de ellas. Y «olvidar» que fue Alfonso Armada por sus conocimientos y relaciones con los militares norteamericanos desde los tiempos en que era uña y carne con el general Donovan, jefe de la Misión Militar Norteamericana en España, como yo mismo comprobé más de un día en el despacho del Palacio de Buenavista, nuestro centro de trabajo diario, quien hizo los arreglos para propiciar la visita a Estados Unidos del Juan Carlos I al poco de ser nombrado Rey de España por las Cortes Españolas (donde Armada con su bigotillo aparece junto a Juan Carlos) debe ser algo intencionado, sin duda. Armada junto a su amplio círculo de militares, en su mayoría con títulos de nobleza encauzó los primeros pases de Juan Carlos I como su más intimo tutor que era y fue clave en las relaciones internacionales del monarca, como la norteamericana.

Como lo es el obviar que mucho tiempo de la juventud de Juan Carlos , el entonces príncipe, la pasó en Marbella viviendo en la casa de unos monárquicos residentes en Guadalmina, como el propio Juan Carlos me confesó con todo tipo de detalles y conocimientos de Marbella, sus bares y sus calles, en una noche de borrasca y gran nevada al calor de la lumbre en el Meliá Nevada que dirigía en aquel momento Juan Soler, donde estaba también el príncipe Alfonso de Hohenlohe y Michel Heberzetzer, ejecutivo de Meliá como refleja la foto.
Sin embargo si se refiere el emérito en su libro a «su amigo» (al que llamaban «el recaudador» en el entorno de la Casa Real Saudí), Colón de Carvajal «el manquito» porque le faltaba un brazo, pegado siempre al lado del Rey Fahad desde que llegó a Incosol como príncipe heredero desde que llegara desde Mónaco y también luego junto al actual Rey Salman, apareciendo como «representante de Juan Carlos I», aunque no se cuentan las cosas que se veían.

La figura del teniente Coronel Tejero fue enaltecida hace unos meses por su hijo Ramón en una carta que difundió donde recordaba la figura del ahora fallecido Teniente Coronel Antonio Tejero Molina, resaltando su sentido de responsabilidad y de amor a la Patria.
Dice Ramón Molina:
«Teniente Coronel Antonio Tejero Molina, Mi Padre»
«Aquel 23 de febrero de 1981, muy temprano, salimos de casa… Yo sabía lo que ocurriría… Sin embargo, el silencio era la expresión más simbólica del cariño que se puede dar a un padre que en esos momentos atravesaba unos de los momentos mas difíciles de su vida. Había vivido momentos de angustia, de terror. Noches en vela, acompañadas de desconciertos en una España que los españoles desconocían.
Noches de zozobra que acompañaban a un hombre al cargo de las tierras vascas y con el encargo de acabar con el terrorismo… Muertes sin compasión de manos de ETA, traiciones de ideales, injusticias, quejas de viudas, órdenes para quemar una bandera que, después, fue legalizada y que causó tantos y tantos muertos… Todo era incomprensible para un joven que creció con el dolor, la inquietud, el temor y el deseo irrefrenable de una España coherente… Ese joven era yo, ahora sacerdote de Jesucristo, pero sin dejar de ser hijo de mi padre, del cual me enorgullezco plenamente.

Aquella mañana del 23 de febrero acompañé a mi padre a la celebración de la Eucaristía en la capilla que hay frente a la Dirección General de la Guardia Civil. Momentos de silencio, de oración profunda, de contemplación sincera de un hombre creyente que sabía cuál era su deber, que conocía las órdenes recibidas y que no quería por nada del mundo manchar sus manos de sangre (como así fue). Un hombre de uniforme, de rodillas ante el Sagrario y el altar del sacrificio: mi padre. Suponía para mí un ejemplo de gallardía que nadie me hará olvidar, el testimonio fiel de un creyente coherente con el juramento que había hecho años atrás… No había palabras, sólo silencio, recogimiento y oración sincera.
Al salir de la capilla, con una mirada penetrante -y me atrevería a decir que trascendente-, contempló la Bandera Nacional y, con voz serena, tranquila y gallarda, me dijo: «Hijo, por Dios y por Ella hago lo que tengo que hacer…». Y, con un beso en la mejilla, se despidió de mí. Un beso tierno de padre, pero que también sonaba a despedida: la despedida de un hombre que teme que no volverá a la vida… y eso pensé yo también. Y, con el gozo de amar a mi padre con locura, volví a mi casa para acompañar a aquella que simbolizaba -en aquel momento y siempre- los valores de la mujer fuerte de la Biblia: mi madre. Esa gran mujer que ha sabido hacer, de su existencia, una entrega victimal y heroica a Dios, a España y a su familia -valores en los que fue educada a lo largo de todo su vida y que sigue mostrando, en el otoño su existir, con una entrega amorosa a todos nosotros-.
Pasamos la mañana con serenidad… El silencio era la elocuencia de nuestro pesar, mientras que el tiempo se convertía, segundo tras segundo, en el traicionero «reloj» que nos hacía pensar en aquel momento. No sabíamos más ni menos. Realmente, nos dolía España, mi padre y el momento en sí; aunque nos tranquilizaba la certeza, según nos habían dicho, de que el Rey apoyaba y ordenaba tales hechos (
(ahí está uno de los convencimientos de quienes conocíamos a Alfonso Armada, el “tutor real con gran influencia sobre el Rey”, afirmo yo).
Era -sigue diciendo el escrito del cura Tejero- un acto de servicio más, en un momento crítico, por el cual atravesaba nuestra Patria.

Y pasó lo que toda España conoce y lo que los medios transmiten (aunque no con toda la veracidad que debieran). No voy a entrar en polémica… ni quiero, ni debo. Pero sí deseo aclarar algunos puntos que conozco, que siento míos y que viví con intensidad aquella noche. Y deseo hacerlo desde el sosiego, desde la paz que, cada día, me regala Cristo y desde la serena sabiduría de los años que te hacen asentar pasiones y discernir la verdad como realidad de la vida. No voy a revelar nada del 23F, el silencio de mi padre me obliga a callar. Sin embargo, no puedo dejar en el olvido las grandezas de un gran hombre. Es por ello que, ante las distintas informaciones y publicaciones de estos días en distintos medios de comunicación, quiero y deseo expresar lo siguiente: mi padre ha sido un hombre de honor, fiel a sus principios religiosos y patrióticos; coherente y sincero. Un militar de los pies a la cabeza, consciente de sus responsabilidades, entregado a sus hombres. Un hombre cumplidor, trabajador hasta el extremo, leal ante el significado de la palabra juramento y fiel al mismo. Un hombre sereno, sencillo, disciplinado y amante de la verdad. No violento, ni agresivo. Templado, sensato, sereno, inteligente y capaz de discernir con coherencia una realidad aparentemente absurda e incoherente como parece que fue el 23F. Ha sido un marido ejemplar. Un padre extraordinario. Un hombre excepcional. Un amigo fiel. Un español honorable y un cristiano sincero y veraz. Mi padre es mi padre. Me duele la falta de información y coherencia. Me duele ver cómo todos aprovechan el «silencio» de un hombre para intentar destruirle… quizá por miedo a su palabra… Me duelen tantos programas y tan poca veracidad… Quiero a mi padre con locura. Es por ello que ruego y aliento a todos aquellos que creen en la libertad de expresión, para que sean tan audaces y coherentes como para publicar estas pobres palabras que tan sólo manifiestan los sentimientos de un hijo por su padre. Un hijo que se siente orgulloso de su padre y de que éste se llame: Antonio Tejero Molina.
Ramón Tejero Diez
Sacerdote”
Hoy, con la muerte de Antonio Tejero Molina (qepd) y curiosamente en torno a la fecha del «23F» aniversario del Golpe de Estado que junto a los otros dos fallecidos que «nunca hablaron» han vuelto a ser noticia estos días, se cierra sin duda el relato que, aun con los documentos desclasificados también estos días por el Gobierno no se sabe toda la realidad de lo que pasó aquel 23 F, aunque se intuya: no se sabe la verdad.
Los tres principales protagonistas Antonio Tejero Molina, Alfonso Armada Comyn y Jaime Miláns del Bosch se fueron sin abrir la boca, con una fidelidad asombrosa.
Yo, como conocedor bastante íntimo de «mi comandante» Alfonso Armada y Comyn, marqués de Santa Cruz de Babio, relato mis conclusiones y suposiciones, sin querer sentar cátedra de nada. Ni afirmar ni asegurar nada.
«Lo que yo vi, lo que yo viví», Punto
José Luis Yagüe Ormad
90 Años
Decano de los Periodistas
de Málaga, Marbella,
Costa del Sol y
Campo de Gibraltar
Fotos y fuentes de Archivo y publicadas en diferentes ocasiones.












