
En honor a la verdad y a la honradez que siempre he intentado profesar en el ejercicio de la comunicación, comenzaré este artículo con una confesión personal: a mí, el fútbol, ni me ha gustado nunca ni me gusta ahora. No me atrapó de niño, no me seduce de adulto. Pero, a pesar de ello —o quizás precisamente por ello— este texto no va a tratar del fútbol en su sentido más estricto. Para eso ya están los que saben, como tantos y tan buenos periodistas deportivos locales, que conocen con profundidad la historia de este club y, evidentemente, pueden hablar de él muchísimo mejor que yo.
Yo, en cambio, quiero hablar de algo más profundo. Más emocional. Más entrañable. De lo que el fútbol puede significar incluso para quienes no lo seguimos como deporte, pero sí lo sentimos como parte de nuestra identidad colectiva. Este artículo está dedicado, con toda mi alma, al tristemente desaparecido San Fernando Club Deportivo Isleño, el equipo que hasta 2009 conocimos como Club Deportivo San Fernando.
Porque este club fue mucho más que un conjunto de jugadores en un campo. Fue —y sigue siendo— un sentimiento. Un símbolo. Una forma de vivir la vida a través del deporte. Un pedazo del alma de la Isla que nos ha acompañado durante generaciones. Un equipo que, más allá de los goles o los resultados, supo unirnos en la emoción y el orgullo de ser isleños.
No entraré a valorar los motivos de su desaparición. No me corresponde, y tampoco me siento con autoridad para hacerlo. Intuyo razones, tengo mis opiniones —como tantos—, pero prefiero reservármelas. Porque lo verdaderamente importante hoy no es lamentar lo que ya no está, sino celebrar lo que hemos logrado conservar y recuperar.
Y es que, afortunadamente, San Fernando no se ha quedado huérfana de fútbol. Gracias al esfuerzo conjunto de profesionales del deporte, de personas expertas que conocen bien este mundillo y, sobre todo, gracias a la voluntad firme del Ayuntamiento isleño, hoy podemos decir con orgullo que la ciudad vuelve a tener equipo: el CD San Fernando 1940.
Sé —porque lo he visto— que esta noticia ha sido recibida con emoción verdadera por la juventud isleña. Jóvenes —muy jóvenes— que sintieron como un vacío la desaparición del club de toda la vida. Jóvenes que quizás nunca vieron jugar a aquellos históricos del San Fernando, pero que han heredado el sentimiento, la pasión, y sobre todo, el amor por su ciudad y por sus símbolos. Ver sus ojos brillar, sus gargantas gritar, sus corazones latir al unísono en la grada, es una de esas escenas que reconcilian con la esperanza y con el futuro. Porque ellos son el futuro, y este equipo les ha devuelto un sueño que necesitaban y que ahora sienten como suyo. Ese vínculo es tan profundo como hermoso: puro, generoso y cargado de ilusión.
Y aunque no me guste el fútbol, sí sé valorar —y practicar— la actividad física. Cada día, sin faltar uno solo, camino largas distancias que suponen una exigente actividad de resistencia. Y puedo decir, sin dudarlo, que me siento una persona realizada: física, emocional y psíquicamente. Esta rutina me da salud, equilibrio y plenitud. Por eso defiendo con fuerza la importancia del ejercicio en nuestra sociedad. El deporte —en todas sus formas— es cultura. Es salud. Es educación. Es una forma de canalizar la energía, de crear comunidad, de construir identidad y de sembrar futuro. Y si hay algo que debemos proteger con todas nuestras fuerzas, es precisamente eso: el futuro de nuestros jóvenes.
Por eso, lo que se ha logrado con este nuevo impulso no es solo volver a tener un equipo: es dar una respuesta a una parte muy importante de nuestra sociedad, que reclama espacios donde soñar, competir y crecer.
Desde aquí, mi aplauso más sincero a quienes lo han hecho posible. A los responsables públicos que han creído en esta causa. A los profesionales del fútbol que han aportado su conocimiento. A quienes, desde la sombra o bajo los focos, han arrimado el hombro para que San Fernando no pierda un pedazo de su historia.
Y ahora que el CD San Fernando 1940 es una realidad, ahora que la llama sigue viva, solo nos queda hacer una cosa: cuidarla entre todos. Apoyarla. Defenderla. Y seguir sintiendo, como isleños que somos, que este equipo no es solo fútbol.
Es parte de nuestra alma

Por Pepe Oneto
Radio La Isla
y Colaborador de
Carlos Herrera
en Cope .











