El riesgo es parte sustancial de la condición humana. No se puede en este mundo hacer nada serio sin exponerse, con frecuencia, al fracaso. Y, desde luego, la única manera de no equivocarse nunca, es decir, de equivocarse siempre, es renunciar a toda aventura por pura cobardía.
Estoy por el riesgo y contra la seguridad. Estoy por la audacia frente a la comodidad. Creo más humano el atrevimiento que la renuncia sistemática al combate.
Creo que la obsesión por la seguridad es uno de los más graves obstáculos para llevar a cabo una vida.
Por supuesto que no excluyo en esto la prudencia, la reflexión antes de la acción, el saber elegir las mejores circunstancias para emprenderla. Pero está claro que me resulta insoportable esa falsa prudencia que termina por paralizar a uno.
Por eso yo siento poca simpatía por quienes colocan la seguridad ante todo en su vida.
En toda vocación, en toda empresa, hay un componente de riesgo. Y el que no es capaz de arriesgarse un poco por aquello que ama, es que no ama en absoluto. Todas las grandes cosas son indecisas; se ven, pero en la tiniebla; hay que avanzar hacia ellas por terreno desconocido: por eso toda vocación, toda empresa seria, tiene algo de aventura, de apuesta. Y esto implica audacia y confianza.
No estoy apostando, lógicamente, por la irreflexión, por la frivolidad, por el aventurismo barato. Pero si quiero decir que toda apuesta lleva algo de salto en el vacío: uno se arroja hacia aquello que ama y está seguro de que ese salto no será una locura, porque uno nunca se equivoca cuando va hacia aquello que merece ser amado.
Y la vida merece ser amada. Y lo merece a pesar de que uno sabe de antemano que se recibirán en ella muchas zancadillas, que no escasean en absoluto los tropezones.
Pero si uno tiene miedo a tropezar alguna vez, más le vale no levantarse de la cama por la mañana y entonces se consigue no sufrir pero eso es porque ya se está muerto.
Patricio González
Hay que empezar a dar la cara
Con cierta frecuencia me dicen algunas personas que soy valiente al escribir algunos de los artículos y columnas que escribo. Pero ya es hora de que el personal hable menos y actúe más, que me acuerdo de esas manifestaciones en las que los protagonistas les gritan a los mirones de las aceras, “no nos mires, únete”.
¿Acaso el personal se cree que yo escribo lo que escribo por gusto, por valentía, por transgredir, por fastidiar? Primero, no es nada valiente lo que escribo, me callo muchas cosas que me dan ganas de contar y bastantes calificativos que no lanzo por una cierta deontología de la vida. Yo podría decir que valgo más por lo que callo que por lo que hablo.
Segundo, intento hacerle caso a mi muy citado Balzac y no escribir todos los días el mismo artículo. Tercero, soy una persona que reflexiona libremente, probablemente tendría mucha consideración si me apuntara a varias cofradías, bailara sevillanas, hiciera el camino del Rocío y fuera a los saraos sociales de la ciudad. Todos los días me llegan invitaciones por email y acudo a pocas, en casi todas me quieren hablar de lo mismo. Y como sé por experiencia que, hasta el momento, en todos estos encuentros transmiten las mismas simplicidades adoctrinadoras, las mismas verdades a medias, no pierdo el tiempo en hacer bulto y relaciones externas.
Podría adoptar el carné de este u otro partido con solera y/o influencia y ramificaciones y ya está, lo mismo acabo de tertuliano y me caerían premios de vez en cuando, unas distinciones derivadas de vender mi modesto saber a un sector social, todo lo que lograra tendría el mismo olor y eso me deprimiría bastante. A cambio de un plato de lentejas, por lujoso y abundante que fuera, mi mucho o poco talento quedaría hipotecado como mi casa. Probablemente con ese comportamiento de listo liquidaría tal hipoteca a cambio de perder el alma y de traicionarme. Puede que sea un imbécil y un idealista, pero, como decía Paco Martínez Soria en la película LA CIUDAD NO ES PARA MÍ, puedo dormir en la cama con una pierna estirada para un lado y la otra para otro.
La diferencia es que yo vivo con cierto miedo, lo confieso, en esta dictadura silenciosa y sutil, no es exagerado ni patológico mi temor, pero ir contracorriente no resulta agradable. Y menos agradable lo es aquí, en esta comarca, tan insolente aún. Por eso animo a mis animadores a que píen menos y actúen más. Cuando hace ya bastantes años leí la poesía de Bertolt Brecht se me quedaron unos versos grabados: “si los que viven abajo no piensan en la vida de abajo, jamás subirán”. No tengo problemas para llegar a final de mes, pero no me gusta lo que veo, no soy perfecto y acaso no pueda tirar la primera piedra. Hago lo que puedo y eso exige apuntarme a no dejar de usar la palabra que es lo que me distingue de los jaleadores. Gracias por alabarme, pero más actividad, creo que la gente ignora el poder que tiene si de verdad levantáramos la democracia en lugar de este remedo, cosa incompatible con el humano. De momento.
Algeciras, 9 de junio de 2022
Patricio González
Un dia como hoy
Siendo un chaval, me gustaba ir a la biblioteca de mi colegio en el tiempo de recreo . Y así pasaba muchos recreos encerrado en la biblioteca. Cuarenta y cinco minutos diarios. El primer día estuve por allí me dediqué a mirar las musarañas. El segundo también. Pero el tercero decidí a echar un vistazo a la biblioteca y cogí un libro al azar (no tanto puesto que el que me llamó la atención era uno grande y grueso y su color fue uno y nada más que uno).
Era un ejemplar de las obras completas de Federico García Lorca, encuadernado en piel y de tapa flexible, editado por la mítica editorial Aguilar. Me sonaba el autor ( aunque poco) y no podía llegar a intuir lo que me esperaba en aquellas mil y pico páginas de ‘papel biblia’.

No podía saber que aquel libro y aquel autor iban a ser la causa de una de las tragedias que han marcado mi vida. Y es que al terminar de leer (me lo metí entre pecho y espalda en veinticinco días), , había decidido ser escritor, costase lo que costase. Quería ser escritor, quería ser como García Lorca. Y eso es un drama de los gordos.
Me entusiasmó, especialmente, el teatro de este genio. ‘La casa de Bernarda Alba’ me hizo temblar de la emoción y del miedo al mismo tiempo. El destino quiso que, pasados los años, viviera una situación en casa similar a la que cuenta Lorca al final de la obra, pero eso es harina de otro costal. ‘Yerma’ me llegó al corazón y fue la primera vez en mi vida que intenté comprender las diferencias que existen entre la mirada ejercida sobre la realidad de una mujer y un hombre. Algunos versos me los aprendí de memoria y sigo recordando muchos de ellos…
En fin, Federico García Lorca me abrió las puertas de la literatura de par en par.
Este 5 de junio hace ciento veintiocho años que nació en Fuente Vaqueros y, ahora, sigue enterrado en alguna cuneta perdida y olvidada. El 18 de agosto de 1936 alguien le asesinó sin piedad por ser artista y por ser gay(Nosotros le recordamos cada año en esa fecha en un acto que celebramos desde ESTRECHANDO aquí en Algeciras.
Y no puedo dejar de recordar esto que dijo: ‘Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo’. Y quiero pensar en los muros de aquella biblioteca escolar, en las cosas que salieron gritando de aquellas páginas y en cómo se llenó mi mundo para siempre. Lo pienso y me sigo emocionando del mismo modo que ese instante en el que cerré el libro.
Patricio González
Ex Alcalde Andalucista de Algeciras
En postura crítica
Si en el mundo hay algo realmente difícil y que, sin embargo, nos sentimos preparados, es en el arte de criticar. Arte endiabladamente complejo y que se convierte en injusticia el noventa y nueve por ciento de las veces que lo usamos y en el que nos embarcamos casi a diario con total frivolidad.

Es uno de nuestros deportes favoritos. Critican los hijos a los padres, los padres a los hijos, los vecinos a los demás vecinos, los gobernados a los gobernantes, los incrédulos a los creyentes, los creyentes al Obispo de Cádiz, los españoles a los españoles, los franceses a todo el resto del mundo. No hay persona que llegue a la noche que no haya derramado ó recibido –sabiéndolo ó sin saber- , media docena de rociadas críticas al día.
Y lo curioso es que esto de la crítica se suele presentar en la actualidad no sólo como un derecho sino también como un mérito.
Una persona que viva en “postura crítica” ó que esté en el “sector crítico”, se considera ya un privilegiado.
Mantener “una actitud crítica” se considera ya como la cima de la perfección. Y, sin embargo, cuanta falsedad y mediocridad se esconde a veces en tan bonitas palabras.
Pero la crítica no es, como se piensa, decir sólo lo malo de quien se juzga, sino valorar cuánto tiene de bueno y cuánto de malo.
Muchos de los se creen críticos son simplemente diablos. Lo que hacen es acusar, calumniar, diabolizar. Es decir, destruir.
El crítico de verdad es el que juzga porque ama aquello que está criticando y porque quiere ayudar a mejorar. Critica para empujar hacia arriba. No goza criticando porque él, al criticar también se embarca en el tema. Y él también fracasaría si lo criticado no acaba mejorando.
Y en esta crítica constructiva, me duele decir como nuestra ciudad va perdiendo cada día su personalidad. La ciudad está llena de obras que vienen a ser meros chapuces, desde la Avenida de Diputación hasta cualquiera de las obras del centro en las que como mucho hay dos o tres trabajadores en ellas y una ciudad enteramente colapsada. La verdad es que da pena.
Patricio González
El Cohete
El turismo va como un cohete y, sin embargo, esta semana nos encontramos con la noticia de la quiebra de uno de los grandes touroperadores. ¿Cómo son posibles ambas cosas al mismo tiempo? Pues de la misma forma que los grandes números de la economía española pintan en verde y los de la economía doméstica de muchos residentes en el país están en rojo. No son contradicciones, sino que son las dos caras de una misma realidad: un modelo económico que precisa una urgente revisión a fondo.

Vayamos con el turismo. Primero hay que subrayar que estamos ante la suspensión de pagos de un touroperador centrado en el mercado alemán, que es precisamente el que se ha reactivado con menor impulso tras la pandemia. Ya sea porque los alemanes son prudentes por naturaleza y conservadores en el gasto, o ya sea porque la proximidad del conflicto con Ucrania les ha hecho ser más temerosos, lo cierto es que ese país no ha compartido la fiebre turística de otros emisores, como ha sido el caso del Reino Unido. Añadamos a eso que tampoco el cambio climático está ayudando: los germanos están volviendo a sus playas porque ahora cuentan con un verano bastante más benigno y porque el invierno es algo menos crudo. Y esto va a ir a más sí o sí, porque la ciencia no engaña en estas cosas del impacto (y los destrozos) del ser humano en el clima.
Después está la evidencia de que el negocio tradicional de bajo coste turístico con un intermediario, tanto en su vertiente aérea como en la gestión del paquete vacacional, está tocando techo. La irrupción de las nuevas tecnologías, que facilitan el contacto entre el turista y el gestor del alojamiento, hace que el vendedor de paquetes vacacionales ya no sea la única opción posible para alguien que se va de vacaciones. Es más, corre el riesgo de convertirse en una alternativa minoritaria. A partir de esa realidad, también la tecnología ha hecho que todo aquel touroperador con elevados costes estructurales, ya sea en inmuebles o en personal, haya visto cómo en los últimos años los beneficios menguaban o sencillamente desaparecían.
Y todo eso debe servir de lección para que destinos como el nuestro vayan reduciendo su dependencia de esos gigantes de la touroperación. Doy por supuesto que decirlo es más fácil que hacerlo, pero a golpe de bofetadas vamos aprendiendo que no hay otra que reinventar el modelo. Ahora la prioridad es los empresarios alojativos no se encuentran con un agujero mayúsculo, pero mañana será estar prevenidos para nuevos sobresaltos.
Patricio González
La cuenta atrás
Ya empieza la cuenta atrás porque ya esto no va a parar y va a continuar hasta las elecciones municipales y generales. Y si el Gobierno central no logra aguantar la legislatura completa tendremos elecciones generales y después las municipales. Por tanto empieza a moverse el patio en todos los sentidos. Ya no hay ninguna convocatoria de elecciones que quede lejos.
Llega la época de inauguraciones, promesas, proyectos, obras, arreglos de instalaciones que llevan años en desuso, etc. Ya las miradas están puestas en un proceso electoral que se presenta apasionante, tanto para las elecciones municipales como las generales y los nervios están a flor de piel, ya que para algunos quedarse fuera de las listas puede provocar una depresión mayúscula.
Aquí ya se van conociendo los posibles candidatos de los diferentes partidos y empezarán a abrazarse unos a otros a las farolas correspondientes, con el fin de buscar cobijo, pero al final de toda esta historia quién decide es el ciudadano, aunque luego lleguen los pactos para coger poltronas y repartir cargos.
Si un pabellón se remodela y se vuelve a estropear, y aún continúa cerrado, ahora es el momento de su reinauguración sin sobresaltos; si se hace una obra en una piscina municipal y se presenta como ejemplo al mundo con una planta fotovoltaica ideal, pero a los diez días se cierra por la caída de un muro, llega el momento de acelerar su reapertura; llegan días y meses de fotos y más fotos, más de lo habitual que ya es de locos, porque la mayoría de políticos se cree que por aparecer en una imagen es sinónimo de hacer algo, una filosofía totalmente caduca.
En los municipios, los vecinos son muy conscientes de quién se ha preocupado por sus barrios y de quién no; mientras que en otras esferas la ola ganadora va ligada al momento en cuestión, por lo que ahora llegan días y meses de estarse quietitos, porque un escándalo podría decantar el futuro electoral de muchos.
Ha llegado la hora de fiestas, de conciertos con estrellas mediáticas, eventos deportivos con figuras relevantes y cortes de cintas.
Pero todo esto conlleva una contrapartida y es que no vamos a avanzar de verdad en nada porque los pocos proyectos que teníamos quedarán paralizados( más todavía) y lo único que se nos va a vender es humo ( más todavía). Así que el enlace ferroviario y compañía seguirán otros años
parados .
Patricio González












