
Por el Periodista Aragonés
Yagüe Ormad (José Luis)
Ir a Calatayud estos días, pero también en cualquier época del año, es una subyugante atracción. Y no solo por las cerezas, los paraguayos o la fruta más dulce de España, que también.

En Calatayud puedes disfrutar de una escapada llena de atractivos, en cualquier época del año. Ahora son las fiestas de Las Alfonsadas y luego vendrán la Fiestas de San Roque, donde las peñas hacen vibrar a la ciudad y a los visitantes con algo único, tipo San Fermín, con charangas y baile en las calles, con chupinazo desde el balcón del histórico Ayuntamiento. Y hasta el disfrute popular en el ruedo, con las vaquillas y los muñecos que vuelan a cornadas. Algo singular. Y en torno al 8 de septiembre, las fiestas patronales de la Virgen de la Peña. Hagánles hueco en su Agenda de vacaciones.-
No hace falta que sean fiestas, para disfrutar de Calatayud, de su historia, de sus joyas monumentales con basílicas, como Santa María, como San Juan o el Santo Sepulcro, sede o casa de los Caballeros del Santo Sepulcro en España a donde acude el Rey y que son el orgullo de Aragón, con un barrio judío que está recibiendo premios y nominaciones por doquier, con sus 2 castillos, fortalezas que recuerdan el poderío de un enclave privilegiado, donde el Rio Jalón recibe las aguas de riveras importantísimas, como la del Río Jiloca que tiene a media hora de Calatayud otra joya medieval, la ciudad amurallada de Daroca que merece la visita y postrarse ante el milagro de los “Sagrados Corporalesª” donde las hostias consagradas manaban sangre.




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Eso sin olvidarse que a veinte minutos de Calatayud está el Monasterio de Piedra, una joya de la Naturaleza que a todos sorprende con sus cascadas y cola de caballo, al despeñarse el Rio Piedra, en una cavidad de la tierra que cada año deja con la boca abierta a cerca de medio millón de visitantes.
Calatayud, que fue la Cuarta Provincia de Aragón, es el centro donde convergen los 60 pueblos que forman su comarca y con otras aledañas de gran interés.
Su visita y su disfrute es algo para no perdérselo. Y desde la Costa del Sol se puede ir en Ave en viaje directo hasta Zaragoza (4 Horas) y alquilar un coche en la misma Estación Delicias, para, después de la obligada visita al Pilar, volver por carretera hacia Calatayud en 87 Kilómetros de Autovía.
O hacer transbordo en Madrid y coger alguno de los 4 Aves que paran cada día en Calatayud.
Eso hasta que Iryo, Ouigo o Renfe decidan potenciar el destino Calatayud con un Alta Velocidad directo, Málaga, Calatayud, Zaragoza-Huesca. En coche hay que conducir más de 6 horas desde Marbella.

Pero merece la pena el viaje y el disfrute de una gastronomía única, donde las míticas borrajas, plato aragonés por excelencia, se complementan con el Ternasco de Aragón al Horno con patatas a lo pobre, que es un plato espectacular. Y con otros muchos. Pero sobre todo con los vinos. La famosa uva garnacha que da prestigio a las viñas viejas de pizarra de la Denominación de Origen Calatayud, rodean unos vinos espectaculares. Todo el entorno de Calatayud está lleno de bodegas de prestigio y se recomienda a los amantes del enoturismo visitar la Bodega San Valero, de Miedes, donde el tinto Baltasar Gracián es algo sublime.
Aunque existen muchas posibilidades hoteleras a buen precio, hay que conseguir alojarse en el Mesón de la Dolores, con su sabor aragonés, su Museo para recordar a la famosa moza que en copla recorrió el mundo, inmortalizada también con esa Jota de la Dolores que Plácido Domingo hizo dar la vuelta al mundo.
Calatayud es cuna de buenos joteros y la jota suena cada noche de fiesta. Las mas grandes estrellas de la Jota Aragonesa, como el gran Nacho del Río, Yolanda Larpa y un sinfín de cantadores de jota que recuerdan a aquel mítico “Tuerto de Abanto”, es posible oírlas en las noches de jota de la plaza El Fuerte. Una noche de jota en Calatayud es algo sublime, que se recuerda toda la vida.

“Las Alfonsadas” la gran recreación medieval


El mes de junio es para Calatayud sinónimo de historia, mezcla de culturas y transformación, pues traslada a la ciudad bilbilitana hasta el año 1120, momento en el que Alfonso I el Batallador consigue su conquista.
Qal‘at Ayyūb, así se conocía por aquel entonces a esta ciudad, que se encontraba en manos de los almorávides; un imperio bereber norteafricano que se había hecho con el control de gran parte de Al-Ándalus. Y en Calatayud convivían 3 culturas: musulmana, cristiana y judía.
Zaragoza, también controlada por los almorávides, había capitulado el 18 de diciembre de 1118 y se convirtió de inmediato en la capital del Reino de Aragón. Sin embargo, el flanco suroeste se encontraba completamente desprotegido.

Calatayud se erigió, entonces, como un punto estratégico. En primer lugar, para asegurarla protección a la nueva capital del reino. Y en segundo lugar como punto de paso clave hacia el interior de la península y hacia la costa de Valencia. Por ello Calatayud forma parte también en “El Camino del Cid”.
En este contexto, llegamos a la primavera de 1120. Alfonso I el Batallador cerca con sus huestes la ciudad de Calatayud, pero se encuentra con un inexpugnable sistema defensivo islámico. Opta por una guerra de desgaste a través de la construcción de fortificaciones menores, de cortes de suministro de agua y de la instalación de almajaneques (catapultas) que bombardeaban las murallas de las fortificaciones musulmanas.
Ante la amenaza cristiana, el emir almorávide, Alí Ibn Yusuf, ordena una movilización masiva encabezada por su hermano, el general Ibrahim Ibn Yusuf. El denominado “ejército de socorro” tenía dos cometidos principales: el levante del sitio de Calatayud e infligir la derrota definitiva del rey aragonés.
Alfonso I fue informado del avance de las tropas de socorro hacia sus posiciones. Decidió dejar un número reducido de huestes manteniendo el asedio y enviar el grueso del contingente a la intercepción del enemigo. Ese encuentro tuvo lugar en Cutanda, a 50 kilómetros al sureste de Calatayud, el 17 de junio de 1120. La victoria cristiana fue rotunda y el 24 de junio de 1120 se produce la rendición almorávide. Posteriormente, se hace entrega de las ciudades de Calatayud y Daroca, así como la totalidad de los valles del Jalón y del Jiloca.

El Rey concedió a la ciudad en 1131 unos “Fueros”, conjunto de privilegios y normas jurídicas locales que favorecían el asentamiento de población en la extremadura aragonesa.
Estos acontecimientos que acabamos de relatar se recrean desde 2006 cada mes de junio en Calatayud bajo el nombre de “Las Alfonsadas”.Este se podrá disfrutar del 18 al 21 de junio El casco histórico cobra una especial relevancia convirtiéndose en el epicentro de esta festividad. Se engalana con distintas jaimas, un mercado medieval y numerosas representaciones históricas.
Al igual Alfonso I el Batallador conquistó cada vez más lugares, “Las Alfonsadas” han hecho lo propio con el corazón del gentío. Son cada vez más los moradores y foráneos que se deleitan e impregnan de los olores, sabores, la alegría de nuestras tres culturas. Con el transcurso de las ediciones el crecimiento ha sido mayúsculo, hasta obtener el título de fiestas de Interés Turístico de Aragón. Asimismo, otra prueba de ello es la pertenencia a la Asociación Española de Fiestas y Recreaciones Históricas.


Si tenemos en cuenta los datos, son aproximadamente 1100 personas las que participan con la vestimenta medieval, formando parte de las más de 30 jaimas, que representan los diferentes grupos de población de las tres culturas; cristiana, musulmana y judía. En las diferentes representaciones que se llevan a cabo son alrededor de 50 actores no profesionales los que llevan a cabo las mismas, más varios figurantes.
Por otra parte, cerca de 120 recreacionistas, perfectamente ataviados y pertrechados, que llegan de varios puntos de España, montan un campamento recreacionista que dota de vistosidad y precisión histórica a la fiesta.
Participen con su presencia en los diferentes actos que se celebran.













