


A principios del pasado siglo, sobre el año 1900, el industrial linense Juan Vázquez Aral, que regentaba la Confitería y Charcutería “La Japonesa” revolucionó la ciudad con un dulce que hoy es un símbolo de la ciudad de La Línea de la Concepción como se ha demostrado en la reciente celebración de la Velada y Feria de La Línea 2024 donde se ha dedicado un día del Programa de Feria a ensalzar el popular dulce con el nombre del “Día de la Japonesa” y donde las autoridades han estimulado su consumo y su producción visitando los principales obradores de pastelería que la elaboran.

Los orígenes de “la japonesa” no son ciertamente muy conocidos popularmente habiéndose creado cierta confusión, ya unos atribuyen a un pastelero o a otro, de tiempos más recientes, el mérito de haberla ideado, cuando la realidad es que fue en el obrador de “La Japonesa” donde aprendices de pastelería, que luego serían pasteleros de renombre aprendieron a elaborar “la japonesa”. Pero no se conocía popularmente el origen de tan apetitoso manjar, que sí conocen los descendientes y personas que estuvieron íntimamente relacionadas con la que fue famosa pastelería de la Calle San Pablo, esquina a calle Real.

Fue a principios del pasado siglo cuando el pastelero propietario de “La Japonesa” Juan Vázquez, se trasladó a visitar a su hermano Alfonso a Casablanca, donde residía y donde trabajaba en el consulado y en una pastelería de la ciudad africana.
Allí, Juan probó un dulce que le gustó por su sabor meloso y la escasa complicación para su elaboración.
Harina, levadura, azúcar, miel y una crema pastelera, entre otros, eran los principales ingredientes de un dulce cuya receta Juan Vázquez se trajo a La Línea y que preparaba en el obrador de su confitería desde el momento en que regresó a La Línea.

Y así se popularizó el dulce, con claro origen marroquí, que recibió el nombre del establecimiento: “La Japonesa”, dado que era original y no se parecía a ningún otro de los existentes en el mercado.
Se convirtió en su dulce estrella.

La confitería “La Japonesa” estaba ubicada en el lugar en el que hoy está la pastelería OKAY, entre las calles Real y San Pablo. Curiosamente fue el primer sitio donde se vendió en La Línea el yogur.
Durante la guerra civil española y posiblemente para evitar connotaciones políticas tras la invasión nipona de Asia, “La Japonesa” cambió su nombre por “La Española”.
Tenía una ubicación estratégica en el cruce de la calle San Pablo con la calle Real, junto al soberbio edificio de Círculo Mercantil y frente al Hotel Iberia de Don Alberto Castilla Earle y Doña Isabel Dorado, en cuyos bajo estaba el siempre animado Café Anglo-Hispano que en la otra esquina tenía el mítico establecimiento de mercería “Mi Tienda” de Manolito Torres y enfrente la atractiva tienda de «La Favorita».
A principios de los años 60, Juan Vázquez vendió todo el edificio que llegaba hasta la calle Cadalso al grupo empresarial que lideraba el emprersario Manuel Gavira Sáez con Biaggio D’Amato y Juan Gil que construyeron el actual edificio y donde en la planta baja se situó una de la primeras cafeterías americanas que existieron en España después de las de la Gran Vía de Madrid y en la primera planta un lujoso comedor para dar bodas y banquetes mientras que la tercera planta de apartamentos residenciales se los quedó para residir la familia de Juan Vázquez. En el primer momento la Pastelería se llamó “Jockey” pero el propietario del famoso restaurante “Jockey” y “Club 31” de Madrid, Clodoaldo Cortés puso una reclamación por la marca y Manuel Gavira decidió cambiar a un n ombre similar: “Okasy”, ya que el “jockey” se había popularizado en La Línea, en Gibraltar y toda Andalucía como un establecimiento revolucionario del más alto nivel.
Los descendientes de Juan Vázquez, fueron sus hijas Leocadia, casada con el comisario de Policía destinado en el entonces consulado de España en Gibraltar, Jaime Torrens de Cos (hijo Jaime Torrens Vázquez)y Nina casada con el oficial del Ejército, Gaudencio López Gómez (hijo residente en Jerez Francisco López Vázquez) aunque como de la familia por su estrecha vinculación de siempre estaba la familia de Pedro Moreno Morales y Trini Machado propietarios de la Lechería La Victoria y Tintorería Amaya (mis abuelos).
Aquella histórica pastelería de La Línea “La Japonesa” es hoy el popular «Okay» de la calle Real (San Pablo), donde se siguen vendiendo las populares “japonesas” y que fábrica este pastel como propio, ya que al comprar la Pastelería «La Española» y el edificio entero, se había hecho tanto con el establecimiento, el céntrico terreno, la maquinaria e incluso el personal original de La Japonesa, como el pastelero jefe, Antonio Ruiz, celoso guardián de la receta hasta su jubilación.
Al construir Gavira y su grupo empresarial el nuevo entonces y actual edificio de “Okay” modernizó totalmente las instalaciones y el primitivo obrador fue trasladado a enfrente (calle sin salida) de Hércules y se eliminó el primitivo obrador que daba a la calle Hércules dotado con un horno de leña por otro ubicado justo enfrente, con maquinaria más actual.
Todas esa manzana de enfrente, con establecimientos como La Favorita, tienda señera en La Línea, la zapataría donde tantos años trabajó Luis Mañasco y hasta el Bar Jerez, era propiedad de la familia del pastelero Juan Vázquez cuya hija, Leo y su marido Jaime Torrens construyeron toda una primera planta para su residencia familiar, cuando era una de los mejores viviendas de La Línea y en plena calle Real.

La receta original, a la que ha tenido acceso este redactor, y que la familia de Juan Vázquez guarda celosamente, así como algunos utensilios de la pastelería, especifica exactamente las cantidades necesarias para la elaboración de este pastel.
Como curiosidad, cabe señalar que inicialmente la “japonesa” no se freía, sino que era cocida, aunque esta variación está mucho más conseguida en la actualidad, según señalan los que han probado las dos versiones de este dulce.

A lo largo de los últimos años y dado el reconocimiento que este pastel ha tenido como típico de La Línea, le han salido muchos “padres” y dado que su origen se remonta a más de 120 años es lógico que no sé sepa la certera procedencia de este pastel, aunque confío en que con este artículo se reconozca a quien realmente trajo desde Marruecos este dulce a La Línea y lo promocionó, hasta el día de hoy, en el que todos los linenses nos sentimos orgullosos de nuestra popular “japonesa”.
José María Yagüe Moreno
Fotos del archivo familiar cedidas por Paco López Vázquez, familia Moreno Machado y del archivo de «La Tribuna Hoy»
En Egipto con la familia Horus

Crónica viajera de José María Yagüe Moreno
Entre el consumo de botellas de agua, este verano he tenido la oportunidad, gracias a Janur Travel y a mi amigo Antonio Barranco, de conocer uno de los países más espectaculares del mundo: Egipto. Y lo he hecho con la familia Horus.


Egipto vive básicamente de sus recursos turísticos y por tanto su gentes saben cuidar sus ingresos: amabilidad, hospitalidad, servicio y respeto se conjugan para hacer de la visita un auténtica disfrute.
El país en sí, y el gran río que lo atraviesa, el Nilo, es una obra de arte por su gran legado cultural, que se forjó desde hace 4500 años.
El viaje, caluroso donde los haya, y de ahí mi primera afirmación de que conocí el país entre el consumo de botellas de agua para mitigar el calor, es apasionante, ilustrativo y te deja con la boca abierta en cada una de las excursiones que tuve la ocasión de vivir.
No voy a detallar la riqueza de las pirámides, los templos y los edificios funerarios, el museo del Cairo o las distintas edificaciones. Estoy seguro que encontrarán páginas mucho más detalladas de esas maravillas que se pueden ver.

Junto a todas estas maravillas están los vendedores, pesados en muchos casos hasta agobiar, aunque si muestras que no te interesa algo no tienes ningún problema y te dejan en paz. Eso sí, hay que regatear algo más de la mitad del precio inícial.
Los niños forman parte de este tinglado de venta en la que por supuesto van a intentar aprovecharse de ti, aunque como 50 libras egipcias son un euro, al final no duele el pagar más por un producto, ya que sabes que con ese dinero va a poder comer uno o dos días una familia.
Para conocer todas estas maravillas arquitectónicas, así como las costumbres del país, están los guías especializados en cada uno de los idiomas, que perfectamente te explican la historia y los detalles de los monumentos que visitamos.

Constantemente hidratados con botellas de agua frescas, tanto el crucero por el Nilo como la visita a El Cairo es un poco un viaje en el tiempo. La sociedad actual de Egipto parece como la española de hace 60 o 70 años y los monumentos que se pueden ver muestran una época misteriosa, épica y en muchos momentos inconcebible para nuestro raciocinio.
Supongo que Egipto y así lo creo porque se lo merecen, seguirá evolucionando como país y saldrán de la pobreza que asola a toda la sociedad, ya que no existe la clase media: o los hay muy ricos o los hay pobres.

Hola!!! Me ha encantado tu rápate y leer tu experiencia!!!
Yo iré el 26 de agosto, concienciada a que pasaremos calor 😀😅
Vamos mi marido y mi niña de 8 años. Solo llevo en el pack de viaje los templos de Luxor y Karnak y en El Cairo Pirámides (Keops, Kefren, Mikerinos), la Esfinge y el Templo del Valle de Kefrén.
Crees q las demás excursiones sin contar con abu Simbel podría hacerlas por mi cuenta?? El valle de los reyes, Edfu y kon Ombo y la isla de Philae???
Te agradezco mucho si me puedes asesorar y dar tu opinión!!! gracias!!!
Yo te aconsejo ir en grupo con el guía. Se aprende más y no te pierdes nada. Pero bueno. Es una elección